viernes, 30 de marzo de 2012

Orientación Laboral. Colaboramos con la Municipalidad ayudando a la Juventud


El Programa de Capacitación y Orientación Laboral es una herramienta municipal que partió de una idea votada por los vecinos de la ciudad, en la cual se plasma el deseo de todos de brindar la oportunidad a los jóvenes de  formarse y encontrar un trabajo acorde con sus preferencias. 

El Programa se divide en dos partes: tres semanas de inscripciones de los posibles participantes, de los cuales aparecerán en una lista definitiva de admitidos del 23 al 27 de Abril en el mismo Centro de Juventud. Tras ello, empezarán los cursos, con una duración de tres meses, al final de los cuales se les entregarán un certificado que documente la realización de dicho curso. Para facilitar la mayor accesibilidad al Programa se han habilitado cinco centros de inscripción, uno por cada distrito rosarinos. 
Esta semana, concretamente del 26 al 30 de Marzo, hemos estado colaborando en la tercera semana de inscripciones en el Centro de Juventud de Rosario (distrito Centro), dependiente de la Municipalidad. Nuestra tarea allí ha consistido en la orientación a jóvenes de 18 a 35 años (público objetivo del Programa) en su carrera profesional, alentándoles a elegir según sus gustos y preferencias. Para ello nos reunimos previamente con los encargados de la Capacitación, los cuales nos formaron para conocer de lo que trataba la actividad. Con la información recogida hemos sido capaces de asesorar de manera eficiente a los diversos chicos/as que se acercaron al Centro, siempre contando con el apoyo de los profesionales que allí trabajan. 


jueves, 29 de marzo de 2012

Carta de Lectores, 2 de abril de 2007.


¿Cuándo se acabará el tema de la inseguridad? El domingo pasado por la noche me encontraba con dos amigos tomando un café en la heladería Esther, de Pellegrini y Laprida. Fui en auto, y lo estacioné a escasos metros de las mesas dispuestas en la vereda de dicho negocio. El cuida-coche de rigor se acercó al auto mientras yo descendía y me `preguntó´ si me lo cuida (¿?). Obviamente siempre corresponde un sí como respuesta, toda vez que que lo contrario implicaría un eventual daño a mi auto. Además, suelo abonar el “peaje” de estacionamiento que poseen estos individuos en las calles de Rosario, tal vez la empresa que mayor ingreso por estacionamiento tenga en la ciudad. Una vez sentados disfrutando de una charla, y luego de esquivar en más de una oportunidad el “manoteo” de mi celular por chicos que se acercaban a pedir moneditas, uno de quienes me acompañaba nota que el que “cuidaba” mi auto estaba al interior del mismo. (...) Yo confiado en que no podía ser tan imbécil de robarme estando tan cerca, me quedé observándolo. Al rato, luego de merodear, me descuido un instante, y en ese momento es que abre la puerta del auto, se mete por detrás buscando algo para robarse. (...) Le grito y corro al auto, momento en el cual el imbécil sale corriendo también. Este fue el corolario de un café en la avenida más concurrida de Rosario. ¿Qué debo hacer? ¿Debo seguir contribuyendo a esta organización estratificada? ¿O debo apiadarme de este enfermo? Y los interrogantes seguirán hasta encontrarme con una sola respuesta: o ellos o yo (mi propiedad, mi vida, derechos humanos también, etcétera). La respuesta es obvia. La ausencia del Estado, también.
Extraído del libro Hay un niño en la calle, de Marcos A. Urcola

miércoles, 28 de marzo de 2012

Día de la Memoria


Compañeros del área de Juevntud de la Municipalidad nos propusieron participar en el taller de la Memoria, en recordatorio de los genocidios que se produjeron durante la dictadura. 
A este taller acudieron un gran grupo de jóvenes y niños/as procedentes de diferentes centros, asociaciones y escuelas de toda la ciudad.
En él se han desarrollado algunas nociones que permiten abordar la participación como una herramienta en la construcción de ciudadanía, entendiendo la misma como la forma en que los jóvenes se vinculan con el entorno y habitan la ciudad. Con dicha dinámica se ha fomentado pensar en grupo, la participación ciudadana como derecho, encontrar formas adecuadas y alternativas para establecer lazos, conexiones, prioridades, definir espacios de un recorrido donde transformar y hacer cosas con los demás.
Las actividades desarrolladas han sido: “Mundo de preguntas”, donde los chicos y chicas se cuestionaron diferentes preguntas vinculadas con el mundo; “Los nombres no tienen paz” perseguía el fin de conocer cual es la identidad del nombre de las personas; “Teniendo historias”, se planteó para vincular la historia personal con la colectiva; “La ciudad del nombre propio” nos ha permitido hablar de cada uno; “Iguales y diferentes” un marco donde los chicos/as han tenido la oportunidad de reconocer las diferencias; y por último “Un millón de miradas”, donde cada uno puede aportar lo que significa el concepto Derechos Humanos, entre otras.
Así finalizada la tarde, los chicos han salido contentos y satisfechos con las dinámicas utilizadas y con los valores aprendidos, además de haber compartido ese espacio creando nuevas experiencias, conociendo diferentes formas de pensar y de actuar. En definitiva, una experiencia edificante junto a jóvenes y chicos/as con ganas de aprender y conocer.






Carta de Lectores, 31 de enero de 2007.


Ya no soy libre de pasear por mi ciudad y lo que me impide hacerlo es mi auto, que con mucho esfuerzo mantengo y uso para trabajar y que, aunque no es un 0 kilómetro ni un último modelo, me obliga a pagar una nueva cuota. Cuando salimos con mis amigas a dar una vuelta por la ciudad y decidimos “estacionar” en alguna calle céntrica o de la costanera, siempre hay algún individuo que sale de no sé dónde y se acerca exigiendo “2 pesos” y hasta “5 pesitos” (sumas que abono en lugares debidamente habilitados) para dejar mi auto en la calle, territorio que ellos han adquirido para realizar su negocio de cuida-coches y que, abonándoles la suma requerida, no garantiza que el vehículo esté en las mismas condiciones al llegar que al irme, o lo que es muy frecuente, que los profesionales cuida-coches ya no se encuentren en “su lugar de trabajo” a mi regreso. Me da miedo arriesgarme a no pagar la “cuota obligatoria de estacionamiento” (que no es el medido por la Municipalidad) exigida por estas personas que se adueñan de la calle con total impunidad y sin ningún tipo de control, algunos “ejerciendo” alcoholizados y hasta drogados. ¿No hay nada que les impida seguir recaudando descaradamente a costa nuestra, nada que detenga a estos individuos que se abusan de la gente como quieren? (...) Siento que me meten la mano en el bolsillo y tengo miedo de que dañen algo de mi propiedad o a mí misma si no pago lo que me piden. Tengo 27 años y un futuro por delante, y estoy cansada de vivir en un país donde solo la pasan bien los que roban y estafan, mientras que los que trabajamos duro para ganarnos el pan y pagar nuestros impuestos nos veamos siempre obligados a retroceder o resignarnos ante estas injusticias (...).
Extraído del libro Hay un niño en la calle, de Marcos A. Urcola

martes, 27 de marzo de 2012

Carta de Lectores, 31 de marzo de 2008.


El jueves pasado a la noche me dirigía por la avenida Belgrano con dos amigas hacia el bar de la Estación Fluvial, cuando fuimos interceptadas por cinco jóvenes cuyas edades rondaban entre los 14 y 20 años, quienes sustrajeron nuestras carteras luego de forcejear y tirarnos al suelo. Lo más llamativo del suceso es la indiferencia de la gente del lugar ante el suceso y la falta de policía, lo cual me llevó a sospechar que la Estación Fluvial es una zona liberada, donde mandan jóvenes que cuidan autos, te abren la puerta y también te roban (...).
Extraído del libro Hay un niño en la calle, de Marcos A. Urcola

Colectividades Españolas de Rosario

Algunas de las colectividades españolas que se ubican en Rosario nos brindaron su más cálida bienvenida en una reunión llena de anécdotas, tonadas conocidas y buenas intenciones.
En especial la Agrupación Andaluza asentada en Rosario, de la que forman parte un gran número de andaluces que se afincaron en esta ciudad argentina por diferentes razones y a la que, de igual modo, pertenecen aquellas generaciones posteriores.
Tras reunirnos con dicha colectividad española y con representantes de las colectividades de Asturias, Castilla, Canarias, la Dirección de Gerontología y el representante de las colectividades españolas dentro de la municipalidad de Rosario, Gastón Rodrigo Torres, comenzaron a surgir actividades que se podrían llevar a cabo en colaboración con las colectividades y los voluntarios europeos.
Manteniendo contacto con la dirección de gerontología se propuso realizar el taller de risoterapia que comenzará el próximo mes de mayo en diferentes centros geriátricos de Rosario, además de poder tomar parte de diferentes actividades dentro de la colectividad andaluza.


lunes, 26 de marzo de 2012

Carta de Lectores, 6 de febrero de 2007.


El tema de los cuida-coches y los "limpiaparabrisas humanos" de las esquinas representan una cuestión que los poderes públicos temen abordar con madurez. Vinculan la tarea con la marginalidad y con una necesidad de sustento de quienes la ejercen, cosa que puede ser cierta en algunos casos. Pero el "dejar hacer" del Estado conlleva peligrosas derivaciones de una actividad sin ningún control. Me ocurrió a mí el año pasado en la zona de Oroño y Pellegrini, dominada por decenas de adolescentes y adultos que lavan parabrisas, cuidan coches o piden una moneda. El haberle dicho "no" a un hombre de alrededor de 50 años cuando me abordó para cuidarme el auto significó que. al retirarme del lugar, el sujeto me increpara y a su vez, auxiliado por dos o tres jóvenes, intentaron boquear mi salida, arrojando agua sucia con jabón en el parabrisas. No tenía obligación de pagarle, a no ser que el precio significara un peaje para no agredirme. (...) Menores trabajando junto a mayores, en ocasiones familias enteras, organizan el tránsito en lugares de alta concentración de público (¿no es que la Municipalidad tiene el poder de policía en estas cuestiones?). (...) Sin identificación alguna aparecen y desaparecen de las cuadras con el dolo objeto de recibir un dinero, que en algunos casos es tarifa fija. Estas actividades no pueden considerarse un micro-emprendimiento, y ni siquiera un recurso económico para sectores marginados, ya que vulneran los derechos de otros ciudadanos. El servicio que se ofrece no responde a las necesidades del usuario: es compulsivo, violento y de alto riesgo para el conductor (...).
Extraído del libro Hay un niño en la calle, de Marcos A. Urcola